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El día que LeMond le arreó un derechazo a su director deportivo

Por Techo Díaz.- Lo cuenta Cyrille Guimard en su libro ‘Metido en carrera’, un excelente repaso de los años dorados del ciclismo francés que hace poco acabamos de sortear en nuestra página web. El que fuera director de Hinault, Fignon, Mottet, Lemond y Van Impe describe en un capítulo de sus memorias la forma en la que conoció al entonces jovencísimo norteamericano que se planteaba hacer lo nunca visto en su país: correr en un deporte dominado por europeos.

lemond ciclista amateur
Un jovencísimo Greg Lemond en 1980, antes de pasar a profesionales

Guimard había oído hablar de Greg LeMond en los mundiales junior del 79, donde el californiano se hizo con tres medallas. Pero no fue hasta el año siguiente cuando tuvo oportunidad de verlo encima de una bicicleta. Para ello, se trasladó al Granitier Breton, una prueba por etapas regional, con intenciones de conocerlo y, si se daba el caso, ficharlo. LeMond había ganado ya una etapa y al día siguiente marchaba en la escapada del día: tres rusos, un italiano, un francés y él. Llevaban casi cuatro minutos de ventaja, lo que, unido a su victoria el día anterior, le hacía postularse como un firme candidato a la victoria final. Y de repente un pinchazo…

“Yo iba delante en mi coche con Lucien Bailly, y pude ver a nuestro Greg cómo se desesperaba esperando que llegase el coche de su director deportivo. Era obvio que este último estaba fuera de juego. La ventaja era cómoda, por lo menos cuatro minutos. Pero se iba deshaciendo como la nieve en el sol. Y el coche que no llegaba…

El tiempo fue pasando. Demasiado tiempo. Greg se tiraba de los pelos, varado en la cuneta. Y al final llegó el coche, del que salió una especie de director deportivo, pausadamente, con su sombrero de cowboy y sus botas camperas, sin alterarse lo más mínimo. Una auténtica caricatura. No me hubiera perdido aquel espectáculo por nada del mundo. Al verlo llegar Greg tiró su bici al suelo y se dirigió a paso ligero hacia el tipo, antes, creánme o no, de soltarle un derechazo memorable. El otro, con el sombrero del través, se quedó acostado sobre el capó del vehículo, viendo todas las estrellas del firmamento. El chaval tenía temperamento”.

Nadie mejor que el entonces director de Bernard Hinault para relatar en primera personas un comportamiento que hoy nos parecería a todas luces inapropiado, pero que entonces convenció al mejor equipo del mundo para ficharlo aquella misma tarde. Era 1980 y, aunque nos pueda sonar muy cercano, la forma de pensar y correr ha cambiado una barbaridad. Así actuaba entonces un campeón del mundo junior (19 años tenía) y así reaccionaba un director que en sus propias memorias confiesa que aquel puñetazo le convenció definitivamente para contratarlo.

Y eso a pesar del pánico que les daba  fichar un americano. No había precedentes y estábamos en plena Guerra Fría, con Reagan en su máximo apogeo y mucha gente creyendo firmemente en la amenaza de una guerra nuclear. Con todo los directivos de Renault fueron a visitarle a Nevada, con el objetivo de conocer cómo vivía y tener claro que no fichaban a un psicópata.

Guimard no escatima elogios hacia el que se fue sus pupilo, aunque tampoco alguna crítica. Comía fatal, no tenía ni idea de ciclismo e instauró una práctica que tristemente han seguido algunos de sus compatriotas y no tan compatriotas: centrar toda la temporada en el Tour y el Campeonato del Mundo. Para él lo demás no existía. Y le fue bien, desde luego, ya que se llevó tres Tours de Francia y dos arcobalenos. Pero para el autor de ‘Metido en carrera’, como para algún otro, el americano no mereció ganar ni uno solo de los tours que se llevó a la buchaca.

Suertudo o no, hábil o talentoso, los cierto es que LeMond, del que nunca he sabido por qué la M va en mayúscula, era tremendamente competitivo. De su escatológica historia, recogida en las memorias de Pedro Delgado,  ya hablamos hace cierto tiempo. Una historia, como la de hoy, para no perderse. Historia viva del ciclismo.

Renault Elf Greg Lemond

 

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